26 de abril de 2018

Un mapa educativo sobre la inclusión digital en América Latina


Ayer se presentó en Uruguay un proyecto editorial colectivo muy querido que reúne distintas voces, “todas las sangres” como diría J. M. Arguedas sobre la transformación educativa en tiempos de red desde la mirada de América Latina. Se trata del libro Jóvenes, transformación digital y formas de inclusión en América Latina.

El talante del libro no busca examinar la trasformación tecnológica en la escuela y en la educación, sino recuperar el sentido educativo de los cambios educativos. La metodología para encarar ese reto fue el análisis educativo de la inclusión digital.

Pensar el reto educativo con tecnología –no solo el reto tecnológico de la escuela- desde la inclusión digital implica, “pensar de qué manera es posible asegurar que los y las jóvenes no solo tengan acceso a equipamiento, conectividad y alfabetización, sino también que tengan la posibilidad de participar plenamente en la sociedad, de influir activamente en temas que les conciernen a ellos y a sus comunidades y que sean tenidos en cuenta”. Esta es la orientación del libro.

Trazar el mapa de la inclusión digital de un terreno tan heterogéneo como el de América Latina no es una tarea sencilla, no obstante es rica en matices. Y esto es la fortaleza del libro.

A los matices económicos y socioculturales propios de la realidad se pueden sumar los matices propios de la aprehensión, esto es, los sesgos ideológicos, las disciplinas, los métodos de investigación y las finalidades educativas que definen también esa mirada singular en esta propuesta editorial. Visto así, el aporte del libro al desarrollo educativo en esta línea de trabajo es esa: una lectura no estándar sobre una oportunidad educativa global desde la diversidad como signo.

El libro es un gesto colaborativo. Gracias a un clarividente Cristóbal Cobo y su equipo se logró articular un equipo de trabajo entre el Centro de Estudios Fundación Ceibal (Uruguay), la red Digitally Connected integrada por el Berkman Klein Center de la Universidad de Harvard y Unicef (Estados Unidos), el Instituto de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile (Chile), la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República (Uruguay) y el Grupo de Estudios en internet, Comercio electrónico, Telecomunicaciones e Informática (Gecti) de la Universidad de Los Andes (Colombia).

El libro –una idea que surgió hace más de un año y medio- congregó 400 propuestas provenientes de 28 países. Estas propuestas fueron evaluadas y se seleccionaron 34 artículos que hoy forman las 442 páginas del libro.

Cobo, C; Cortesi, S; Brossi, L; Doccetti, S; Lombana, A; Remolina, N; Winocur, R, y Zucchetti, A. (Eds.). (2018). Jóvenes, transformación digital y formas de inclusión en América Latina. Montevideo, Uruguay: Penguin Random House. Disponible en https://digital.fundacionceibal.edu.uy/jspui/handle/123456789/229

Las preguntas a las que responde el libro son: ¿cuáles son los principales logros y limitaciones de las experiencias de inclusión digital entre los niños, niñas y jóvenes en América Latina?, ¿cuáles son las estrategias más adecuadas para que niños y jóvenes cultiven y generen prácticas responsables de convivencia en los entornos digitales?, ¿qué tipo de prácticas pueden estimular el desarrollo de nuevas formas de inclusión en los entornos digitales en pro de niños, adolescentes y jóvenes?, y ¿cómo pueden padres, educadores y adultos en general favorecer nuevas formas de convivencia en entornos digitales en beneficio de niños, adolescentes y jóvenes?

Los trabajos se organizan en seis bloques temáticos:

  • Nuevas formas de organización, plataformas digitales y participación cívica
  • Aprendizaje y TIC, nuevos alfabetismos y destrezas
  • Nuevas identidades, culturas emergentes y estrategias de inclusión social
  • Derechos y responsabilidades
  • Privacidad.
  • Economía digital, cultura maker y nuevas formas de creación de valor

Este libro incluye una aportación mía titulada Zona Red de Aprendizaje. El trabajo gira en torno a la pregunta ¿dónde está esa exigencia educativa añadida sobre internet? Más que esperar la próxima innovación tecnológica, es necesario hacer una lectura pedagógica de internet como estadio de desarrollo social y cultural en la educación. Como entorno que es, internet no es factor accesorio en el aprendizaje, es parte de su explicación, de su avance o limitación.

Si no existe aprendizaje al margen del entorno, entonces es necesario redefinir en el aprendizaje en internet, entre otras cosas, la matriz básica de interacción educativa estándar: la relación profesor-alumnos, propia de la cultura del aula. Los flujos de interacción en internet son tan distintos –para bien o mal- a los flujos de comunicación en el aula que exigen un encuadre para hablar de ellos. A este encuadre le llamamos Zona Red de Aprendizaje (ZRA).

Pensar la educación en internet, por tanto, es pensar en el aprendizaje alojado en un proyecto comunicativo en red. Sobre estos flujos en red se vienen gestando otras formas de coordinación humana, por ejemplo, en la ciencia -ciencia ciudadana- y el consumo –consumo colaborativo, no confundir con economía “colaborativa” corporativa- desde donde cabe pensar en otras oportunidades educativas más abiertas y en red.

Como se señala en el libro: “En general, la pregunta que obliga la zona red de aprendizaje (ZRA) no versa sobre una aplicación concreta en internet, sino sobre la oportunidad de aprendizaje basado en la coordinación colaborativa reticular. Esto es, la ZRA alude a la red de coordinación social que tejemos con otros al aprender en internet” (Suárez, 2018, 130). Se trata de hacer significativa en internet la pregunta ¿con quién aprender?

Suárez, C. (2018). Zona Red de Aprendizaje, en C. Cobo; S. Cortesi L. Brossi; S. Doccetti; A. Lombana; N. Remolina; R. Winocur, y A. Zucchetti (Eds.). (2018). Jóvenes, transformación digital y formas de inclusión en América Latina. Montevideo, Uruguay: Penguin Random House, pp 123-132. Disponible en https://digital.fundacionceibal.edu.uy/jspui/handle/123456789/229

21 de marzo de 2018

Competencia digital (Revista Virtualis)

http://aplicaciones.ccm.itesm.mx/virtualis/index.php/virtualis/index

En muy breve tiempo, un conjunto de conocimientos, actitudes y destrezas asociadas a un grupo profesional ha pasado a ser una finalidad educativa. Ser competente digital forma parte del imaginario educativo en la actualidad. La competencia digital empieza a ser percibida como otra dimensión educativa del ciudadano, forma parte de las propuestas curriculares en cada vez más sistemas educativos, es vista como una necesidad formativa profesional de primer orden, es materia de debate a nivel de política educativa y, cómo no, se ha convertido en una línea emergerte de investigación y evaluación educativa, así como de reflexión pedagógica.

Por ello, además de los ya clásicos estudios sobre el impacto de la tecnología en la docencia y el aprendizaje, el diseño instruccional con tecnología, el aprendizaje con tecnología a lo largo de la vida o la mejora tecnológica del sistema educativo, es necesario reconocer un ámbito de investigación y debate educativo que busca desarrollar un conocimiento fundado sobre cuáles con las capacidades óptimas para poder pensar y hacer algo con una forma de acción digital. Por tanto, en la relación educación y tecnología se abre la necesidad de estudiar cómo es y cómo debe ser esta condición interna básica para desplegar nuestra ciudadanía en un ecosistema digital.

Pero, ni la idea de competencia digital es única, ni el camino para su desarrollo es recto. Conocer las finalidades que amparan su desarrollo, los matices que implican su concepto y los campos de aplicación, son vastos y complejos. No obstante, lo atractivo de este campo de estudio y de desarrollo educativo es que, a pesar sus dilemas sobre su conceptualización -competencia digital, alfabetización digital o competencia mediática- y su subsecuente delimitación operativa, la idea de competencia digital supera la idea tradicional de destreza tecnológica. Es decir, bajo el paraguas de competencia digital se habla de aspectos mucho más complejos que la simple pericia tecnológica con la que se asocia, erróneamente, a una generación de nacidos bajo el signo tecnológico actual. La competencia digital no es una condición etaria, se trata de un desarrollo consiente y crítico sobre nuestra nueva relación persona-máquina.   

Por ello este número especial que intenta, en la medida de lo posible, recuperar los avances realizados en el campo de la competencia digital desde una mirada interdisciplinar y, así, contribuir con su desarrollo y debate pedagógico. Para ello se priorizarán dos tipos de trabajos, por un lado informes de investigación empírica y revisiones conceptuales críticas.
 
Entre los tópicos que caben en este dossier sobre competencia digital se pueden señalar:
  • Revisión crítica del estado de la cuestión sobre la competencia digital.
  • Caracterización conceptual de los parámetros que definen la competencia digital.
  • Agenda digital nacional y desarrollo de la competencia digital.
  • Impacto de políticas educativas de estado que promueven la competencia digital.
  • Diseño y validación de instrumentos de evaluación de la competencia digital.
  • Impacto de la competencia digital en el desarrollo ciudadano.
  • Empleabilidad y competencia digital
  • Innovación educativa y competencia digital docente.
  • Desarrollo de la competencia digital en grupos profesionales
  • Diseño, desarrollo y validación de modelos de acreditación de la competencia digital.
  • Recursos didácticos para el desarrollo de la competencia digital.
  • Rendimiento académico y competencia digital.
  • Validación de modelos pedagógicos de formación en competencia digital.
  • Validación de metodologías didácticas para el desarrollo de la competencia digital.
  • Competitividad, desarrollo social y competencia digital
  • Cultura digital y competencia digital
La pedagogía requiere de más evidencias y percepciones sobre el desarrollo educativo que, más temprano que tarde, formarán parte de nuestras agendas de desarrollo social y personal.

Fecha límite para la recepción de originales: 27 de agosto de 2018. Descargar la convocatoria

Se solicita que el envío de manuscritos se realice directamente en esta plataforma de la revista Virtualis.

Para cualquier duda o comentario, 
favor de escribir al coordinador del número: 
Cristóbal Suárez-Guerrero

29 de diciembre de 2017

Aulas en red: una escuela que evoluciona



Hace unos días acaba de salir el número 27, julio-diciembre 2017, de la revisa Contratexto (DOI: 10.26439/contratexto), de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Lima. En este número, Julio César Mateus ha elaborado una reseña –que reproduzco líneas abajo- del libro que Begoña Gros y yo editamos a inicio de este año, Pedagogía Red. Agradezco a @juliussinmundo por  su tiempo y sus valiosos comentarios hechos desde la percepción de un comunicador a quien la educación le importa mucho.




Aulas en red: una escuela que evoluciona. Pedagogía red. Una educación para tiempos de internet (2016). Begoña Gros Salvat y Cristóbal Suárez-Guerrero (editores). Barcelona: Ediciones Octaedro.

Por Julio César Mateus 
(Universidad Pompeu Fabra, Barcelona)

El paso de la comunicación oral a la escrita significó la primera ruptura del paradigma educativo por cuenta de una nueva tecnología. Como todo quiebre, no estuvo exento de críticos y obstáculos. El mismo Platón, por ejemplo, consideró la escritura perjudicial para la memoria, pues el proceso formativo se resiente al confiar una función orgánica a un dispositivo externo. Posteriormente, la imprenta y, siglos después, las tecnologías de comunicación de masas auspiciaron otras rupturas sustantivas con las formas de aprender. En ambos casos, cobró cada vez mayor relevancia el aprendizaje informal o invisible. La declaración firmada en la ciudad alemana de Grünwald, en 1982, por un grupo de investigadores convocados por la Unesco, daba cuenta de la cuestión aún en tiempos predigitales:

En lugar de condenar o aprobar el indiscutible poder de los medios de comunicación, es forzoso aceptar como un hecho establecido su considerable impacto y su propagación a través del mundo y reconocer al mismo tiempo que constituyen un elemento importante de la cultura en el mundo contemporáneo.

El auge de la cultura audiovisual supuso la preocupación de muchos críticos —como los italianos Giovanni Sartori o Raffaele Simone— por la presunta degradación del conocimiento, pero también la aparición de otros intelectuales menos pesimistas, como Jesús Martín-Barbero, quien cree que el sistema de medios no es sino un “reto que pone al descubierto el carácter obsoleto de un modelo de comunicación escolar que, acosado por los cuatro costados, se coloca a la defensiva desfasándose aceleradamente de los procesos de producción y circulación del conocimiento que hoy dinamizan la sociedad”. 

El proceso de digitalización y, en particular, la aparición de internet —metamedio por excelencia— han provocado un cambio radical en las prácticas de producción y consumo informativo, cuyo impacto educativo, sin embargo, no acabamos de interpretar —o preferimos hacer limitándonos a la aplicación en sí—. Una vez más, críticos mordaces, como Nicholas Carr o Mario Vargas Llosa, señalan, con tintes distintos, que la desintermediación y profusión informativa desorganizan la cultura, mal acostumbrándonos a una interacción más superficial o degradando sus contenidos en favor del espectáculo. En la otra vereda, hallamos promotores más entusiastas del cambio y de las oportunidades que la instalación de la red de redes comporta. En ese contexto es donde leemos Pedagogía red. Una educación para tiempos de internet, libro multiautoral editado por los profesores Begoña Gros Salvat, de la Universitat de Barcelona, y Cristóbal Suárez-Guerrero, de la Universidad de Valencia, cuya finalidad es articular una reflexión que usa como eje la metáfora de la red y es aplicada especialmente al ámbito de la educación superior.

El libro está formado por ocho capítulos firmados por once investigadores que, desde diversas disciplinas, trascienden la tesis de internet como el dispositivo que facilita o soluciona problemas. Las propuestas del libro se instalan, más bien, en una línea vygotskiana que contextualiza los procesos de enseñanza-aprendizaje en los marcos del medio social y la cultura. Cada capítulo responde una pregunta, siguiendo el estilo mayéutico con el que Sócrates incentivaba la búsqueda de la verdad. Las preguntas que se abordan son estas: ¿cómo valorar lo que se aprende en red?, ¿cuándo aprenderlo?, ¿dónde?, ¿con quién?, ¿con qué?, ¿cómo?, ¿qué?, y ¿por qué hacerlo? Los propios editores advierten en la introducción que “la pedagogía también tiene esa vocación por buscar, gracias a las preguntas, la movilidad de las ideas y la crítica para ir más allá de la moda o el automatismo con que a veces se puede asumir internet en la educación”.

En diversos apartados, los autores cuestionan los sentidos y valoraciones de los aprendizajes en la red en los terrenos formal e informal, haciendo hincapié en el desarrollo de capacidades. Precisamente qué capacidades son formadas y cómo son algunas de las cuestiones más interesantes. Del mismo modo, en varias páginas se discute el impacto de la disolución del espacio/tiempo y la aparición del aprendizaje ubicuo y asíncrono materializado en plataformas móviles, sistemas de gestión de aprendizaje virtual y fenómenos globales como el de los cursos en línea masivos y abiertos (mejor conocidos por sus siglas en inglés: MOOC).

Una de las ideas que atraviesa con fuerza los distintos capítulos es la del “aprendizaje en internet”, que remite tanto al aprendizaje sobre la red como al aprendizaje en red. Del mismo modo, se insiste en la naturaleza social del aprendizaje, al tiempo que se presentan reflexiones en torno al sentido y las finalidades de la educación en la nueva ecología transmedial. Bien se señala en los párrafos introductorios:

Como aprender no es aséptico al entorno donde sucede, algo debemos exigir a la reflexión educativa para ir más allá de la sustitución de un recurso por otro. Lo radical del cambio es comprender que aprender puede estar enmarañado en una nueva capa de acción y representación en red.

Muchas publicaciones inundan las librerías con catálogos de herramientas tecnológicas vendidas como recursos didácticos, prescripciones sobre el uso idóneo de los medios y casos de éxito de innovaciones y emprendimientos difícilmente generalizables. Por si fuera poco, se reproducen mitos reduccionistas como el de los “nativos digitales”, que han sido la coartada perfecta para persuadir a los educadores de aceptar con resignación una realidad donde siempre serán menos competentes tecnológicamente y menos necesarios pedagógicamente. Pocas publicaciones, sin embargo, reflexionan desde la propia teoría del aprendizaje sobre el impacto de los medios de comunicación, particularmente de internet. Quizá el mejor referente sea la propuesta del conectivismo desarrollada desde el mundo anglosajón por George Siemens y Stephen Downes, que plantea la importancia de las conexiones y los nodos en un mundo de conocimientos descentra- dos y caóticos. Concluyen estos autores que “nuestra habilidad para aprender lo que necesitamos mañana es más importante que lo que sabemos hoy”.

Por lo anterior, el mayor aporte de investigadores como Julio Cabero, Diego Levis y Francesc Llorens, convocados por Begoña Gros Salvat y Cristóbal Suárez-Guerrero, es precisamente recordarnos la urgencia de comprender los medios, más que como artefactos materiales, como experiencias sociales, y cuestionar si nuestras prácticas docentes no siguen siendo más de lo mismo. La sentencia que suscribimos es clara: lo educativo debe preceder a lo tecnológico.

27 de noviembre de 2017

El árbol y el bosque. ¿Basta la tecnología para cambiar la educación?



Hace poco escribí en mi cuenta de Twitter:
Investigo sobre el impacto de la tecnología en la educación –aunque queda mucho por trabajar sobre el impacto de la pedagogía en la tecnología-, diseño actividades en clase en la universidad usando tecnología, entiendo que la tecnología es un factor de desarrollo social y cultural pero trato de estar atento a sus dilemas, entiendo que la crítica –no solo como una capacidad de calificar o gritar, sino de estar cualificado para atender criterios que permitan discriminar mejor, y entiendo que la pedagogía -desde una mirada humanista y apoyada en diversas disciplinas- puede aportar una imagen integral de lo “digital” en la educación.

Pero a pesar de lo anterior cabe preguntar: ¿basta la tecnología para cambiar la educación? La primera respuesta es que el aprendizaje es un evento complejo, multidimensional, que depende de muchos factores. Esto que parece obvio suele desaparecer cuando -empujados por el entusiasmo y otras motivaciones- se suele adjudicar a la tecnología valor causal del aprendizaje: "está app aumenta el aprendizaje" o "tal dispositivo mejora la competencia x", suelen ser afirmaciones comunes cuando se trata de hablar de la eficacia de un artefacto. Por ejemplo, esta idea de la tecnología en la educación es común en la prensa: “tecnologías que están revolucionando la educación”. 

Se puede responder a la pregunta anterior desde, por lo menos, dos perspectivas: 

1. Por un lado, desde el punto de vista prescriptivo (cómo hacer para lograr X), esto es, a nivel de modelo de intervención educativa, la tecnología es un elemento al que siempre le faltará una buena idea educativa anterior.

Por ejemplo, si se atiende la noción de innovación educativa de la “Prácticas innovadoras de enseñanza y aprendizaje: Elementos clave para desarrollar aulas creativas en Europa”, es necesario tener en cuenta que la innovación no es un efecto de la aplicación de tecnología únicamente, sino más bien un concepto que se busca con anterioridad. La tecnología sola no es “palanca de cambio”, sino que se articula con otros factores para poder promover dicho cambio. En esta imagen, extraída de aquí, se puede ver todas las dimensiones que supone pensar un aula innovadora, en círculo rojo lo que compete directamente a la tecnología.

2. Por otro lado, desde el punto de vista que aporta la evidencia empírica (cómo es X), esto es, cuales son los factores que influyen en el rendimiento académico según la investigación sobre el aprendizaje, la tecnología es un factor.
 
Un buen trabajo que permite ver los factores que intervienen en el aprendizaje en aula es la línea de investigación desarrollada por Jonh Hattie. Este investigador, tomando como base 1400 metaanálisis, 80.000 estudios primarios que trata sobre 300 millones de alumnos, ha podido identificar 254 factores en juego, por lo menos los que reportan la investigación educativa, que influyen en el aprendizaje. A nivel de evidencia hay que entender que el efecto tecnológico en la educación –aunque hay quienes que lo niegan de plano, como Mayer (capítulo 8)- no es químicamente puro y que depende de un “juego” con otras variables a tender en cuenta. De los 254 factores que influyen en el aprendizaje escolar se pueden detectar estos factores relacionados con la tecnología. 


La innovación y el aprendizaje requieren tecnología, sí, pero precisan de algo más. La tecnología necesita que la educación le de sentido. Parte de ese sentido es pedagógico que permite ver el todo, el bosque, y no mirar únicamente el árbol.