28 de mayo de 2017

¿Aprender en red implica otra acción educativa?



Gracias a una breve estancia en el Instituto de Investigación Científica (IDIC) de la Universidad de Lima (Perú), tuve la oportunidad de trabajar algunos temas en torno a la relación educación y comunicación en la sociedad red, así como presentar algunos resultados de trabajos de investigación educativa con tecnología que vengo realizando. También fue la oportunidad de conocer, por fin, a la inestimable Teresa Quiroz una especialista en comunicación y educación que lidera un grupo de trabajo diverso e interesante, así como conocer a Peter Busse a quien agradezco su capacidad de gestión y la calidez con que coordinó las actividades en Lima. Ambos me hicieron sentir en casa.

Pero esta estancia también sirvió para presentar en Perú el libro que Begoña Gros y yo coordinamos: Pedagogía Red. Una educación para tiempos de internet, Octaedro, 2017. Al acto asistieron especialistas en formación virtual, alumnos y profesores de la Universidad de Lima y profesores y compañeros de toda la vida, de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. A todas gracias por ser y estar.

La presentación estuvo moderada por Peter Busse y los comentarios estuvieron a cargo de Teresa Quiroz y Lucía Acurio, Directora de la Dirección de Innovación Tecnológica en Educación del Ministerio de Educación del Perú. Parte de esta presentación está editada en este video.



Lo que viene a continuación es el texto que Lucía Acurio empleó en su intervención y que ella gentilmente me cedió. Únicamente me he permitido añadir el título al texto, que también interrogante: 


¿Aprender en red implica otra acción educativa? 

Cuando en el Ministerio de Educación nos propusimos crear una Política que sirviera para transformar la educación apoyados en las tecnologías digitales, la primera pregunta que nos formulamos es la misma que me hice hace 21 años, cuando empecé mi incursión en el mundo de la tecnología  educativa: ¿lo más relevante de las tecnologías es que son un medio diferente al tradicional con el cual aprender,  gracias al cual, además, se nos facilita el “delivery” de los materiales didácticos, que en vez de ser transportados en formato de texto a gigantes almacenes, hoy pueden llegar en digital y, además, si contamos con Internet,  pues qué mejor, pueden ser descargados en línea?.   La pregunta era, entonces, ¿Es eso o es más? ¿Es eso o es mucho más?, ¿Es eso o es algo distinto?

Cuando leo este libro, encuentro esas mismas interrogantes que abrieron el debate en la educación peruana, con respecto a la introducción de las nuevas tecnologías, y que nos regresa a la primera pregunta que nos formulamos todos quienes estamos en busca de lograr una educación de calidad: ¿Por qué aprender con las tecnologías digitales? con su aplicación, ¿dónde percibiremos ese impacto anhelado?  En este trabajo, veo que toman el toro por las astas cuando abordan concretamente una de estas tecnologías, la de la oportunidad educativa que supone la Internet, la de la Sociedad Red, como se menciona en la presentación del libro, al preguntarse por qué aprender en red.

Cristóbal Suárez compartió conmigo esta investigación que han titulado Pedagogía Red, una educación para tiempos de Internet, y lo he disfrutado y he aprendido muchas cosas. Es por ello que quiero empezar agradeciendo a Cristóbal por la invitación a comentar este trabajo.  Cristóbal formó parte del equipo consultor para el diseño de la Estrategia Nacional de Tecnologías Digitales en la Educación básica, instrumento de política que recientemente hemos oficializado.

Pienso que Pedagogía Red da pasos claves en el debate al plantearse el qué, el cómo, con qué, dónde, cuándo y con quién se aprende en espacios propios de la pedagogía red, aquella pedagogía de cooperación por excelencia y, además, al abordar la valoración de la educación en tiempos de Internet, exponiéndonos frente a un complejo desafío: ¿cómo evaluar lo que aprendemos en red?

Voy a centrarme, en estos minutos, a comentar el capítulo 5, que titula Con Quién aprender, nuevos perfiles educativos en red, precisamente el de Cristóbal Suarez, de la Universidad de Valencia, y Paola Ricaurte, del Tecnológico de Monterrey.  Y empiezo  refiriéndome a ello que Cristóbal y Paola describen como “el otro”, (…que sacado de contexto puede ser un personaje de novela de amor y pasiones), pero para el tema que nos convoca, es ese otro que puede aportar en el aprendizaje  cuando el entorno educativo no es el aula estándar, no es ese espacio institucional formal,  sino que es el Internet, cuando tenemos oportunidades de aprendizaje abiertas, cuando aprender supone una naturaleza social y una instrumentalización cultural,  cuando en ese  entorno se generan relaciones y comunidades, redes con metas compartidas,  con la posibilidad de formar parte de esa llamada gran cognición distribuida, generadora de conocimiento.  Son varios de estos conceptos muy interesantes, de teóricos que estudian la Sociedad Red y que son finamente dibujados por Cristóbal y Paola para resaltar la importancia que tiene que entendamos Internet como ambiente social de aprendizaje, más que como un entorno tecnológico, ambiente donde los otros pueden ser nuestro propios pares, que pueden ser docentes, investigadores, estudiantes o escuelas que interactúan,cooperan, coevalúan, investigan o comparten conocimiento entre iguales, y entre no tan iguales también.  Los otros pueden ser también los “creadores novatos”, como los llaman acá, o expertos y menos expertos en un mismo propósito creativo.

No quiero dejar de resaltar algunos de los valiosos aportes a la discusión sobre el Internet en la Educación de este capítulo:

En primer lugar, a lo que denominan como “formas inéditas y emergentes de comunicación y coordinación de masas, coexistiendo en Internet con distintas formas de comunicación tradicional.

En segundo lugar, la lectura acerca del funcionamiento de la red y de su estructura, me ayudan a entender de mejor manera, el sentido que tiene la creación de comunidades junto con  las dinámicas de interacción que se produce en Internet y, sobre todo, el rol que el estudiante debe asumir en esa llamada estructura reticular,  con estrategias para sacarle el jugo a sus potencialidades en red.

La forma clara en cómo interpretan la necesidad de una cultura educativa de Internet como un rico espacio de aprendizaje con oportunidades de cooperación para la solución conjunta de problemas y la construcción de inteligencia colectiva, es uno de los aportes que destaco en esta investigación.

El trabajo también me ayudó para percibir mejor eso que Cristóbal y Paola le llaman la riqueza de aprender en red, donde los sujetos, las acciones y los perfiles de aprendizaje ya no son los mismos y ya no pueden estar centrados en el docente porque la producción del conocimiento es ahora social, y no necesariamente solo de los estudiantes, sino de otros participantes.

Y sobre la tipología de tecnologías cooperativas, más bien me encantaría que Cristóbal haga una actualización, considerando que el autor al que hace referencia, la construyó en el 2005 y que, además, en todos los capítulos de esta investigación se introducen una serie de conceptos, algunos nuevos para mÍ, como la nueva ecología del aprendizaje con ese carácter ecosistémico de la red, o como aquel que llaman el tecnomadismo del usuario social, con su sentido nómada, o rednómada (este me lo acabo de inventar).

Termino, simplemente con una frase que, para mí, resume la esencia del mensaje de este trabajo: el objetivo es aprender, no usar Internet, y esto implica OTRA acción educativa.

Muchas gracias.     

Lucia Acurio
Lima, 19 de abril de 2017

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